ESCÁNDALO EN EL EJÉRCITO: La base de los helicópteros Tigre lleva una semana con la valla caída mientras el mando instala una ‘ventana espía’

La Base Coronel Sánchez Bilbao, en Almagro (Ciudad Real), vive hoy uno de sus episodios más negros desde que fuera inaugurada en 1983. Lo que debería ser una instalación de élite, hogar del Batallón de Helicópteros de Ataque I (BHELA I) y punta de lanza de nuestra proyección aeromóvil con los potentes HA-28 Tigre, se ha convertido en el símbolo de la desidia y la mala gestión. Mientras el perímetro de seguridad se desmorona tras el paso de la borrasca Kristin, la cadena de mando parece más preocupada por instalar mecanismos de vigilancia interna que por proteger los activos críticos de la Defensa Nacional.

Una brecha de seguridad inadmisible

A finales de enero de 2026, la borrasca Kristin azotó la provincia con rachas de viento que alcanzaron los 75km/h en la capital y superaron los 100km/h en puntos clave de la región. El impacto fue devastador para una infraestructura militar ya debilitada por años de falta de mantenimiento. El resultado: el colapso total de una sección crítica del vallado perimetral que da a la carretera principal de acceso.

Lo que resulta indignante es que, según denuncian fuentes internas, la valla ha permanecido derrumbada durante más de una semana sin que se haya movido un solo dedo para repararla. En una instalación declarada de interés para la defensa nacional, donde se custodian secretos tecnológicos y armas de guerra, la ausencia de una barrera física es una negligencia criminal. Cualquier intruso podría acceder hoy a las 280 hectáreas de la base ante la pasividad de sus responsables.

Prioridades invertidas: La «ventana espía»

Mientras la seguridad exterior brilla por su ausencia, la cadena de mando ha centrado sus esfuerzos y presupuesto en un proyecto que ha encendido los ánimos de la tropa: la instalación de una «ventana espía» en el centro de control de seguridad (CECOMSEG). Este ventanal no tiene otra función que permitir la vigilancia constante y el hostigamiento de los soldados que se encuentran de guardia, una medida que el personal califica directamente de «acoso laboral».

Es una paradoja sangrienta: se invierte en «vigilar al vigilante» mientras los sistemas de seguridad real se caen a pedazos. Los informes internos son demoledores y revelan que, mientras se gasta dinero en esta ventana, otros sistemas críticos del CECOMSEG están en un estado deplorable:

  • Central de incendios inutilizada: Si se produce un fuego en los hangares de los helicópteros Tigre, la respuesta automática será nula.
  • Fugas de agua: El aire acondicionado gotea directamente sobre servidores y equipos de comunicaciones críticos.
  • Cámaras averiadas: Los sensores perimetrales y las cámaras de seguridad sufren averías crónicas sin contratos de mantenimiento.

Caos energético: 45.000 euros al mes en gasóleo

La degradación de Almagro no es nueva. La base opera bajo un régimen de «mínimos técnicos» desde el 11 de noviembre de 2025, cuando un fallo crítico en el transformador principal dejó a la instalación sin suministro eléctrico de la red nacional. Desde hace tres meses, el corazón del BHELA I late a duras penas gracias a generadores externos.

El coste de esta inacción es astronómico. Se estima un consumo de entre 420 y 520 litros de gasóleo diarios, lo que supone una factura superior a los 45.000 euros mensuales solo en combustible y mantenimiento básico de los grupos electrógenos. Todo este dinero público se quema mientras la capacidad operativa de la Base está al 35-40% de su demanda real.

Esta precariedad energética está golpeando directamente al adiestramiento de nuestros pilotos. El simulador del helicóptero Tigre, vital para practicar maniobras de emergencia y tiro, funciona de manera limitada, lo que retrasa las certificaciones necesarias para misiones internacionales previstas en Eslovaquia para este mismo año y 2026.

La vergüenza frente al ámbito civil

La comparación con la gestión civil es odiosa y deja al estamento militar en una posición de absoluta inferioridad administrativa. Mientras los ayuntamientos de la zona, como Ciudad Real, Miguelturra o La Solana, activaron protocolos inmediatos para retirar árboles y asegurar fachadas en menos de 24 horas tras el paso de Kristin, la Base de Almagro ha dejado su perímetro violado durante más de siete días.

EntidadAcción ante la BorrascaTiempo de Respuesta
Ayto. Ciudad Real114 intervenciones y precinto de parques.Menos de 24 horas.
Ayto. La SolanaRetirada de techumbres y vallado de colegios.El mismo día.
Base de AlmagroVallado perimetral caído en carretera principal.Más de 7 días (Sin arreglo).

Moral «por los suelos»

El clima social dentro de la base es insostenible. El personal de tropa, que soporta guardias bajo el frío y restricciones energéticas, siente que su esfuerzo es despreciado por unos mandos desconectados de la realidad. La sensación de ser tratados como sospechosos mediante la «ventana espía» mientras se les niegan las herramientas básicas de trabajo ha hundido la moral.

Las quejas han sido elevadas por los cauces reglamentarios «por activa y por pasiva», pero la respuesta de la cadena de mando ha sido la indiferencia o la represalia verbal. Esta situación ha forzado a los militares a buscar amparo en asociaciones como Militares Con Futuro o canales de denuncia externa ante el fracaso absoluto del diálogo interno.

La Base de Almagro es una joya estratégica que España no puede permitirse perder. Es urgente una auditoría que ponga fin a este estilo de mando anacrónico y priorice, de una vez por todas, la seguridad de las instalaciones sobre la vigilancia obsesiva del subordinado. La excelencia en el aire del helicóptero Tigre no sirve de nada si en tierra los muros se caen y el personal está desmotivado.

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